HISTORIA

La Población Yungay, en la comuna de La Granja, tiene su origen a inicios de los años 70s. Su área abarca 27 hectáreas aproximadamente y está delimitada por Sebastopol al norte, Yungay al sur, Manío y Coronel al oriente (colindante con el Parque Brasil) y La Castrina al poniente. Según los datos del último Censo oficial del año 2002, la población cuenta con alrededor de 9 mil habitantes. Sin embargo, las mediciones más recientes indican que actualmente residen cerca de 16 mil personas en la población.

Mapa población Yungay.

La población se originó cuando personas de distintas partes de Santiago se instalan de manera informal -a modo de toma de terreno- en el sector que en ese entonces era un aeródromo de la Universidad de Chile. Al poco tiempo de su llegada, los pobladores se organizan y crean los “comités de los sin casa”, organizaciones que gestionaron su instalación definitiva con la Corporación de Vivienda (CORVI). Mientras se trabajaba en una solución habitacional definitiva, a cada comité se le asignó un terreno de aproximadamente 400 metros cuadrados, los cuales se instalaron en módulos de 20 viviendas de emergencia (media-aguas) cada uno. Estos módulos tenían un delegado encargado de representar a su sector dentro de la junta de vecinos, y a su vez la directiva de la junta de vecinos se encargaba de organizar y representar a los pobladores frente a las autoridades locales y nacionales de la época. Fueron los mismos pobladores quienes se encargaron de solucionar sus necesidades básicas creando sus propios baños y sistemas de iluminación. En paralelo, el gobierno socialista de Salvador Allende había establecido un convenio con la Unión Soviética para levantar una ciudad satélite que contaba con almacenes, escuelas, viviendas y los servicios necesarios para que no fuese necesario trasladarse a otros sectores de la ciudad. Dicho proyecto llevaba el nombre de “Villa Lenin”, siendo éste el nombre original de la población. Sin embargo, con la llegada del golpe militar, sólo se alcanzó a construír un conjunto de edificios de dos pisos denominados Villa Esmeralda, más conocidos actualmente como el sector de “los Dúplex”. La foto abajo ilustra parte de este sector.

duplez yungay

Durante la dictadura, la población se vio enfrentada a constantes medidas de represión y violencia. En dicho período se realizaron múltiples allanamientos, desaparecieron pobladores, la junta de vecinos fue controlada, y se le cambió el nombre a las calles y a la población misma. Los altos niveles de desempleo y pobreza de la época incitan a que los vecinos, de la mano de la iglesia católica, se reorganicen para enfrentar la crisis económica. El duro clima social que se vivía en aquellos años motivó un mayor sentido de solidaridad entre los vecinos y arraigo con el territorio, lo cual consolidó lo que desde un principio ha caracterizado a la población: su alta participación y organización social. Sin embargo, hubo ciertos episodios que afectaron esta situación. Una vez que se terminaron de construir las primeras viviendas definitivas de la población, éstas no fueron entregadas a la población local, que llevaba más de diez años esperando una solución habitacional definitiva, sino a nuevos residentes que se incorporaron a la población. Esta situación produjo una gran desilusión por parte de los antiguos residentes y desde entonces ha habido una distante relación entre los antiguos y los nuevos pobladores. Tiempo después, se le entregan viviendas definitivas a los antiguos residentes. Sin embargo, no se consideró la distribución previa de los habitantes, ni la organización de los módulos. Muchos pobladores se distanciaron y dejaron de trabajar juntos, y otros simplemente quedaron sin cupos y se tuvieron que ir de la población. Durante toda la década de 1980, el Estado construye distintos tipos de viviendas. Se construyen las casas de dos pisos, los blocks, y finalmente, en dos etapas distintas, las llamadas “casas bajas” (actualmente conocidas como sector de las “casas blancas”). Para los pobladores más antiguos, si bien las viviendas definitivas fueron un gran avance en términos materiales, ellos señalan que a nivel comunitario se dio un declive organizacional que afectó a la organización social del barrio.

En el marco del retorno a la democracia en los 90s, ocurre en cercanías a la población la reconocida “Operación Vuelo de Justicia”, nombre otorgado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, a la operación de rescate de cuatro de sus militantes quienes escaparon en helicóptero de la cárcel de alta seguridad de Santiago y descendieron en Parque Brasil (La Granja).

Por otro lado, la alta participación que se daba en las distintas actividades que organizaban los mismos pobladores, se fue debilitando aún más. Según relatan los dirigentes vecinales actuales, el espíritu de lucha se perdió. Ahora los habitantes de la población se preocupan de su ámbito privado, lo cual ha afectado el interés por las actividades comunitarias. Tal como dice una dirigente de 46 años: “Hace bastante tiempo que la población ya no es participativa. La gente no está motivada con nada, no están ni ahí”. El alto nivel de enrejamiento de las viviendas y los discursos de los mismos vecinos dan cuenta que se ha se ha ido consolidando un clima de desconfianza generalizado en el ambiente. Dicha desconfianza se ve muy reflejada en el rechazo que tienen los pobladores frente a la institucionalidad, situación que ha sido motivo de conflicto y división entre las distintas organizaciones sociales. Sin embargo, la desconfianza también se da fuertemente entre los mismos habitantes de la población, en especial si son de sectores distintos. Al respecto, una pobladora de 49 años señala: “me cuesta relacionarme con gente de la población porque todo les da lo mismo. Ahora aquí todo está naturalizado: la violencia, la basura, la droga, etc.”. Según los vecinos, la llegada de la droga y el narcotráfico ha generado mayor violencia y percepción de inseguridad en el barrio, lo cual ha desincentivado el uso de los espacios públicos. Y a su vez, para ellos uno de los mayores problemas del barrio es el deterioro que han ido teniendo estos espacios. Las organizaciones barriales aún existentes, buscan incentivar la recuperación de éstos espacios, rescatar la historia de la población y volver al nivel de organización del pasado. Sin embargo, les cuesta mucho movilizar a los habitantes.